Foto cedida por MINECO

El MINECO respalda el Proyecto CamOnMars2020

El MINECO respalda el  Proyecto CamOnMars2020, que participa en el programa Mars 2020, próxima misión no tripulada de la NASA al planeta Marte

El pasado 26 de mayo la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Dña. Carmen Vela, recibió a los Investigadores Principales del Proyecto CamOnMars2020, de  izquierda a derecha, Valentin García Baonza (UCM), Ramon  Barrenechea (U.T.E. CamOnMars2020), Fernando Rull (UVa), Carmen Vela (MINECO), Javier Laserna (UMa), Jesús Medina (UVa) y Juan Manuel  Madariaga (UPV/EHU).

El Proyecto CamOnMars2020 surge para financiar mediante el partenariado público-privado el desarrollo científico-tecnológico que posibilite la construcción de la tarjeta de calibración, con su plan de calibración cruzada, del instrumento SuperCam que se integrará en el vehículo que la NASA enviará al planeta rojo como parte de la misión Mars 2020.

Este desarrollo fue asignado al Profesor Fernando Rull,  tras haber logrado SuperCam ser uno de los instrumentos principales a bordo de la misión Mars 2020 mediante un proceso de selección internacional realizado en 2014. Dada la complejidad que implica el desarrollo tecnológico de este sistema y la ciencia asociada, se ha constituido un consorcio de grupos de investigación  pertenecientes a cuatro universidades españolas (Universidad Complutense de  Madrid, Universidad de Valladolid, Universidad de Málaga y Universidad del País Vasco), que ha encargado la construcción de la tarjeta a la empresa AVS  (Elgoibar) y la búsqueda de financiación a la U.T.E. CamOMars2020, compuesta por las firmas ABL Solutions Consulting, S.L. y Summa 4 Asesores Legales y Tributarios, S.L.U.

La empresa privada asalta el cosmos

Una constelación de emprendedores multimillonarios, firmas emergentes y algunas iniciativas públicas impulsan un disruptivo sector cuyo volumen de negocio se multiplicará por diez en los próximos 30 años

Madrid 22 DIC 2017 – 17:18 CET
En la línea de Kármán, 7.500 millones de seres humanos dejan de tener patria. Todo es silencio, oscuridad y un vacío sideral. En su imaginaria linde, a 100 kilómetros sobre la Tierra, los científicos trazan la separación entre nuestro planeta y el Espacio Exterior. Solo 560 personas han cruzado esa frontera. Un lugar donde el hombre se ha sentido solo pero también maravillado. A él quiere regresar tras 45 años de ausencia. Marte, la Luna, cientos de asteroides y otros cuerpos celestes vuelven a tener cabida en el imaginario de un ser humano que reivindica su destino como colono del espacio profundo.

Curiosity es un robot de exploración marciana dirigida por la NASA.
Curiosity es un robot de exploración marciana dirigida por la NASA. REUTERS/ CORDON PRESS
Pero el viaje hacia los recodos del Universo será muy distinto al que se emprendió en el siglo XX. Las empresas privadas toman el escenario central, China entra en la función para diluir el papel protagonista que una vez tuvieron Rusia y Estados Unidos, el sector se despega de su histórica dependencia de los presupuestos gubernamentales, irrumpen las startups y astroemprendedores multimillonarios como Jeff Bezos, Richard Branson o Elon Musk persiguen alcanzar las estrellas embarcados en sus propias empresas. El “nuevo espacio” reemplaza al “viejo espacio” y los números brillan como supernovas en el teatro del Cosmos.

Un minucioso trabajo de Bank of America Merril Lynch traza la carta de navegación de esos mares de estrellas. Su relato comienza con una vista aérea. El mercado espacial crecerá con fuerza. Pasará de 339.000 millones de dólares en 2016 a 2,7 billones durante 2045 (de 287.000 millones a 2,3 billones de euros). Estas cifras anuncian un cambio de paradigma. La carrera por el espacio en la era del Cosmos 2.0 será muy diferente a la de los tiempos de la Guerra Fría. Se difuminan los centros del poder (más de 80 países tienen satélites en órbita) y también la dependencia de los fondos públicos. El 75% de toda la actividad proviene del sector privado, que emite una radiación poderosa. Desde 2000, las startups relacionadas con el espacio han captado 16.000 millones de dólares. Solo el año pasado absorbieron 2.800 millones. Nunca se habían visto esas cifras y cala la sensación de vivir un tiempo histórico. “Hay más actividad ahora mismo en el espacio que en toda mi carrera”, admitía Robert M. Lightfoot, administrador interino de la Nasa. Poco sorprende que Donald Trump pretenda volver a la Luna o poner rumbo a Marte.

Todavía falta mucho antes de que el ser humano habite el planeta rojo. Primero debe solucionar encrucijadas técnicas y biológicas. La falta prolongada de gravedad podría provocar, por ejemplo, problemas cardiovasculares y pérdida ósea y muscular. Además existen dudas de que resulte factible revertir esa situación en un viaje que dura dos años. “Así que es posible que las personas que vivan durante bastante tiempo en el planeta o que nazcan en él nunca regresen a la Tierra. ¿Consecuencia? Se crearían dos poblaciones distintas”, aventura Barbara Ghinelli, directora del Harwell Campus, el hub de la industria espacial del Reino Unido. Incluso los problemas plantean paradojas fascinantes en el Cosmos.

La empresa privada asalta el cosmospulsa en la foto
Mientras, en la Tierra, el hombre acuña términos como “economía espacial” para agrupar las fuerzas comerciales entretejidas por este nuevo universo. United Launch Alliance (una joint venture entre Boeing y Lockheed Martin) defiende su Estrategia CisLunar-1000. Una mirada al futuro. En los próximos 30 años habrá 1.000 personas trabajando y viviendo en el espacio. “Llega un tiempo fabuloso para la innovación y el crecimiento en el cosmos y la clave para tener éxito a largo plazo es desarrollar una economía espacial autosuficiente”, desgrana un portavoz de la alianza.

MINERÍA EN LAS ESTRELLAS
En el Universo, no solo el espacio y el tiempo parecen infinitos. Existe otra variable que reta a la física: el dinero. El Cosmos maneja cifras colosales en industrias como la de la minería. La riqueza que atesora el cinturón de asteroides que vaga entre Marte y Júpiter está valorada en 700 cuatrillones de dólares. Si el mundo fuera un lugar justo a cada habitante de la Tierra le correspondería 100.000 millones de dólares. Ese es el valor del níquel, cobalto, platino, hierro y magnesio que esconden estos cuerpos celestes. Recuerdos primigenios de la formación del Sistema Solar y también de la inagotable capacidad del ser humano para transformarlo todo en monedas en un banco. “El primer billonario de la historia será aquel que explote los recursos naturales de los asteroides”, refrenda el astrofísico estadounidense Neil deGrasse Tyson. Hay decenas de miles girando alrededor del Sol y la aritmética propone posibilidades inmensas. Un asteroide con un diámetro de un kilómetro defiende una masa de 2.000 millones de toneladas. De este tamaño puede haber un millón en el Sistema Solar. Y un cuerpo con esas proporciones contiene —según John S. Lewis, autor de Mining the Sky (Minería en el cielo)— 30 millones de toneladas de níquel, 1,5 millones de cobalto y 7.500 toneladas de platino. Solo este último valdría más de 150.000 millones. Números de un negocio deslumbrante.

El asteroide 16 Psyche consume sus días a 450 millones de kilómetros del Sol. Es una veta galáctica. Cobija metales tasados en 10 cuatrillones de dólares y la Nasa quiere explotarlo. Pero ese sueño aún parece lejano. Traer a la Tierra 57 gramos (el peso de una pelota de tenis) de un asteroide cuesta hoy 1.000 millones. Sin embargo no todo está perdido. La esperanza pervive en la ancestral combinación de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno.

Pues por encima de los metales, en esas rocas celestes lo que brilla es el agua. Este elemento puede utilizarse para dar soporte vital a las tripulaciones pero también, gracias al hidrógeno, como carburante de las naves espaciales. Los asteroides se convertirían en gasolineras cósmicas. “Las misiones repostarían en el espacio y no tendrían que transportar combustible fuera de la gravedad terrestre [algo muy caro]”, concede un portavoz de Planetary Resources, una empresa estadounidense especializada en esta minería. En enero lanzará su segunda misión (Arkyd-6) en busca de asteroides con agua. Pero no viajará sola. El proyecto está respaldado por algunas de las nuevas voces del Cosmos: Larry Page, James Cameron, Richard Branson, Eric Schmidt. Todas hablan contra el tiempo y la competencia. En 2020 debería despegar su primer vuelo hacia un asteroide concreto y allí, en la noche oscura del espacio, coincidirá con Deep Space Industries, Moon Express o Kleos Space. Algunos de los pioneros de esta revolución. “La minería espacial de elementos raros y metales podría cambiar la economía de la Tierra pero todo dependerá de tener las infraestructuras adecuadas ahí fuera para que resulte más rentable que en nuestro planeta”, reflexiona Barbara Ghinelli, directora del Harwell Campus, el hub de la industria espacial del Reino Unido. Sin embargo esa es una nave que aún no ha partido.

De forma inesperada, los números brillan en este planeta perdido en la orilla del océano cósmico. Solo el mercado que se generará alrededor de la Tierra y la Luna (extracción de minerales, exportación de materias primas, habitabilidad) manejará 2,3 billones de euros en tres décadas. Hay tanto potencial como peligros. “El espacio es el próximo Salvaje Oeste pero también el lugar donde las compañías hallarán un nuevo boom económico”, vaticina un responsable de Made in Space, una empresa californiana que fabrica productos en el cosmos. Quizá la palabra esencial sea “adaptación”. Las misiones tripuladas durarán semanas o meses y deben encontrar sus propias respuestas, por ejemplo, a una pieza rota o perdida. Condiciones perfectas para la impresión 3D. “La fabricación aditiva permite construir geometrías que no existían antes”, narra David Pozo, director técnico de Factory Automation de Siemens. “Es el camino hacia piezas más baratas y ligeras, algo muy útil en el espacio”. Y también en sus colonias. El divulgador científico Jerry Stone cree que en 20 años centenares de personas podrían vivir en estructuras flotantes orbitando sobre la Tierra. Una solución, para algunos, más factible que colonizar otros mundos. “La desventaja de la superficie planetaria (ya sea de la Tierra, Marte o la Luna) es que el Sol no está disponible la mitad del tiempo mientras que en el espacio está ahí todo el rato. La luz solar puede convertirse en electricidad o proporcionar calor para el procesamiento de materiales”, comenta Stone.

Apellidos e inversiones
El paisaje cambia con la misma perseverancia que la Tierra rota sobre su eje. En gran parte por el impulso de astroemprendedores multimillonarios empeñados en transformar el espacio en su particular patio de recreo. Resulta sencillo casar apellidos e inversiones. Elon Musk (SpaceX), Jeff Bezos (Blue Origin), Bill Gates (Kymetal), Larry Pages (Planetary Resources), Paul Allen (Stratolaunch), Richard Branson (Virgin Galactic). Todos han comprometido su patrimonio y su ego en una visión nueva. Nada menos que 16 de las 500 personas más ricas del planeta invierten en el espacio. Existe algo muy profundo que conecta con las estrellas; algo más allá del verbo “tener”. Porque quieren llegar allí con sus propios recursos. Jeff Bezos —la segunda fortuna del mundo— se ha comprometido a financiar Blue Origen vendiendo al año el equivalente a 1.000 millones de dólares en acciones de su gigante Amazon, Richard Branson ha destinado 600 millones para que Virgin Galactic opere en 2018 vuelos comerciales hacia el espacio suborbital y Elon Musk ha invertido 100 millones de las ganancias de PayPal en SpaceX y sus cohetes reutilizables. Desde luego ninguno de sus directores financieros respaldaría semejantes aventuras siderales. Pues el riesgo es un agujero negro. “Hay quienes creen que SpaceX es una máquina de quemar dinero mientras otros defienden que con contratos de la Nasa por valor de 4.200 millones de dólares la empresa resulta muy rentable”, valora Javier Urones, analista de la casa de Bolsa XTB. Sin embargo, la memoria recuerda más el fuego.

Hace una década los vuelos suborbitales refulgían en la industria espacial. Virgin Galactic quería liderar estos nuevos peregrinos a través de su vehículo SpaceShip Two y muy pronto le siguieron Armadillo Aerospace, Masten Space Systems, Rocketplane, XCOR Aerospace y Blue Origen. Pero diez años más tarde ninguna de estas empresas ha transportado a ningún hombre al Cosmos. Una decepción que admiten las propias compañías. “Llevar y traer de una sola vez y de forma segura y asequible a gente al espacio resulta extremadamente difícil y exige su tiempo. Sin embargo hemos hecho avances asombrosos, muchos más que nadie en este campo”, justifica un representante de Virgin Galactic. El espacio se vuelve más pequeño pero también el tiempo. Urge llegar a los cielos. Bigelow Aerospace planea lanzar su propia estación espacial privada en 2020 y SpaceX quiere enviar a dos personas alrededor de la Luna el próximo año y dirigir durante 2024 una misión tripulada a Marte. Estos sueños chocan contra esa cuenta pendiente que es el dinero. “Queremos abrir el espacio a la humanidad pero para hacerlo debe ser asequible”, reconocía Elon Musk.

La empresa privada asalta el cosmos
LUIS TINOCO
El Cosmos siempre ha sido un entorno hostil para la cuenta de resultados. Alterna barreras altas de entrada y riesgos inmensos. “Por eso es muy importante reducir el coste de acceder al espacio. Pues las oportunidades de lanzamiento son pocas y caras”, reflexiona Colin Wilson, científico planetario del departamento de Físicas de la Universidad de Oxford. Desde los años noventa la mayoría de las empresas que han ganado dinero en ese frío sideral han recurrido a la misma estrategia: usarlo para dar servicio a sus clientes. Televisión por satélite, sistemas de navegación, geoposicionamiento. Todo orbita alrededor de la viabilidad. “Ha bajado el precio de llevar el hardware al espacio debido al aumento de la competencia y a que la innovación está disminuyendo el coste de los lanzamientos”, explica Giles Alston, experto de la consultora Oxford Analytica.

Construir ese puente entre el espacio y la Tierra es una de las bisectrices que une la geometría de este sector. Enviar carga al cosmos promete unos ingresos de 4.600 millones de euros. Una industria muy competitiva que lideran en su rama comercial Arianspace (Ariane 5) y SpaceX (Falcon 9). “Una industria, eso sí, todavía cara”, puntualiza John Holst, analista de Space Foundation. Sacar un objeto fuera de la gravedad terrestre a una velocidad mínima de 11,2 kilómetros por segundo cuesta millones. Además si mirásemos en la bodega de estas lanzaderas hallaríamos sobre todo satélites. Es la base de la industria espacial. Un mercado

El 75% de toda la actividad en esta industria procede del ámbito privado

—acorde con Bank of America Merril Lynch— de 220.000 millones de euros. El 77% de todo el sector. Un segmento de negocio capaz de duplicar su valor en una década y que lucha contra sus señas de identidad. Son artefactos de ingeniería muy caros. Construir un satélite y situarlo sobre ese techo sólido que parece el cielo cuesta 1.000 millones de dólares. La forma de rebajar el precio sería crear satélites en serie como si fuera un Ford T en una cadena de montaje. Por eso la reducción de costes es el Santo Grial de la industria. “También hay que pensar de qué manera se enviarán al espacio, lo cual lleva a imaginar lanzamientos con 20 o 30 satélites para poner en órbita en cada tiro”, describe José Guillamón, director de Space Systems de Airbus. “Esto cambia la manera de pensar en el negocio y de reaccionar frente al futuro”.

Un pequeño gran hito
La vía más factible para conseguir lanzamientos múltiples y precios bajos son los satélites de pequeño tamaño. Sobre todo los CubeSats. Cuestan menos de cinco millones de dólares, pesan de uno a diez kilos y giran en órbitas bajas; entre 160 y 2.400 kilómetros de altura. “Su aparición es uno de los grandes cambios que ha vivido la industria en las últimas décadas. Pueden adaptarse a muchos tipos de cohetes de casi todos los países. Lo que significa que una empresa no tiene que esperar años para lanzarlo”, aclara John Holst. El tamaño marca el paso de la industria. En el próximo lustro se pondrán en órbita 2.400 aparatos de reducidas dimensiones. Un número que exige su contexto. En diciembre de 2016 había 1.459 satélites artificiales orbitando sobre el planeta. La mayoría pertenecen a Estados Unidos (593), China (192) y Rusia (135). Esa proporción explica la nueva geopolítica del mundo y del Cosmos.

El espacio ya no pertenece a las grandes superpotencias de la Guerra Fría. Poco a poco, Rusia y Estados Unidos dejan paso a un mundo multipolar. Ciudadanos de 40 países han viajado ahí fuera y en la noche perpetua del Universo ondean nuevas banderas. Diez países han situado satélites en órbita con éxito empleando sus propias lanzaderas. “El deseo de ir más allá de lo que se conoce es una característica del ser humano que no está limitada a una determinada región o nacionalidad”, comenta Steven Siceloff, portavoz de Boeing en Houston. El desafío es planetario.

Tanto que el presupuesto público en esta aventura ya alcanza los 62.000 millones de dólares. Pronto, en 2026, serán 79.000 millones. Unas 70 naciones destinan recursos al cosmos. Aunque nadie ha propuesto tanta ambición como China. Se ha convertido en el segundo país (desbancando a Rusia) que más invierte en su programa espacial. Se juega 4.000 millones. El gigante quiere contar en la Tierra y en el espacio y anuncia que en 2020 orbitará sobre Marte y durante 2036 hollará la Luna. Cada vez más actores quieren mirar a las estrellas. India y Japón destinan estos días 1.000 millones a sus programas espaciales. Una onda expansiva que llega al Viejo Continente. “Europa ha sido líder en la rama comercial [lanzamientos] del espacio pero ahora se ve amenazada por Blue Origen y SpaceX. Les ha cogido a contrapié y esto puede provocar que se pierda el liderazgo”, advierte José Mariano López-Urdiales, fundador de Zero 2 Infinity, una compañía catalana de transporte espacial que usa globos estratosféricos.

Esa diáspora geoestratégica conduce hacia un universo en el que pierde peso la presencia militar. El 75% de todo el dinero que consume la industria espacial procede del sector privado. “Pese a que ese porcentaje aún pueda contener algo de gasto en seguridad y defensa, el número sugiere que las aplicaciones comerciales serán el motor de la inversión en el espacio”, prevé Daniel Hicks, consejero delegado de Spaceport America, el primer puerto espacial construido en el mundo. La persistencia de los satélites confirma esta inercia. “El 59% de todos los aparatos lanzados o desplegados hasta julio de este año formaban parte de misiones comerciales, el 23% eran civiles y solo un 5% defiende fines militares”, resume John Holst. En esta industria, España se mueve en un terreno extraño. “Tenemos la capacidad de construir un satélite completo y ponerlo en órbita”, sostiene Juan Carlos Batanero, director de Espacio y Seguridad de Indra. Pero el país solo posee un aparato, que además gira contra el tiempo. El Spainsat termina su vida útil en 2021. Por eso Paz —construido en Madrid por Airbus— despegará a finales de enero desde California. El artefacto escaneará la Tierra a más de 514 kilómetros de altura y completará misiones civiles y militares. Detectará pateras en el Mediterráneo, narcotraficantes en el Estrecho o incendios en Galicia.

Mirar, conocer, poseer está en la esencia del hombre y el espacio no se escapa a la atracción de los infinitivos. ¿A quién pertenece la Luna o Marte? ¿Quién es dueño de los 9.000 asteroides próximos a la Tierra? El Tratado del Espacio Exterior, de 1967, aclara que “la exploración y el uso del espacio debe llevarse a cabo en beneficio e interés de todos los países y debe ser la provincia de toda la Humanidad”. Pero ese texto de hace 50 años nunca imaginó, por ejemplo, que la minería espacial dejaría de ser ciencia ficción. Hace dos años, Obama aprobó una regulación que reconoce el derecho de los estadounidenses sobre los recursos (agua, minerales, metales) extraídos de los asteroides. Luxemburgo ha replicado esa estrategia. Es el comienzo de una nueva era espacial. Y pocos asumen que sin las leyes adecuadas el espacio está más vacío y oscuro. “Los avances científicos, las crecientes oportunidades de explotación comercial del cosmos, la saturación que ya sufren las órbitas más utilizadas y la necesidad de enfrentar el problema de la basura espacial hace que sea importante revisar la arquitectura legal que gobierna el Universo”, observa Miguel Ángel Castelló, socio responsable de Industria de KPMG.

Sin embargo el “nuevo espacio” es apenas un niño cósmico y sus pilares débiles. El turismo espacial refleja esa dualidad. Inicialmente se pensaba que sería un mercado pequeño. Pero los analistas aseguran que puede valer 1.600 millones de dólares en 10 años si consigue proteger la fragilidad de sus clientes. “La demanda colapsará tan pronto como muera el primer turista espacial en un accidente”, alerta Bank of America Merril Lynch. La seguridad sigue estando en el aire. Pero el ser humano ha progresado atravesando riesgos. El 65% de la población estaría dispuesto a pagar por viajar al espacio. Es el sueño de una vida, aunque sea una cara duermevela. Un billete suborbital cuesta entre 80.000 y 210.000 euros. Poco importa. El hombre siempre ha anhelado las estrellas. Es esa “luz verde” al final del embarcadero. Y como al protagonista del Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald, “su sueño le debió de parecer tan cercano que casi lo podía alcanzar con los dedos”.

Ref: https://elpais.com/economia/2017/12/22/actualidad/1513957420_669622.html

NASA is building a new rover to look for life on Mars

Space is the final frontier. And if NASA has its way, its new Mars rover may be able to go where no man has gone before and find signs of ancient life – and not just ones that lived a long time ago in a galaxy far, far away.

NASA is working on the next version of its Curiosity Mars rover, according to a announcement made this week. The new rover will look a lot like its predecessor, but will have a very different mission, including looking for signs of ancient life in terrain that is presently inhospitable, but had lakes and rivers 3.5 billion years ago.

The rover, dubbed Mars 2020, will look for signs of microbial life using tools such as an x-ray spectrometer that can look for spots the size of a gain of table salt. It will also have an ultraviolet laser used to detect what NASA describes as “the ‘glow’ from excited rings of carbon atoms.” There will also be ground-penetrating radar to look under the surface of Mars, including mapping layers of rock, water and ice up to 30 feet deep, all designed to help NASA stay on target.

SCIENTISTS SEND SECRET MESSAGE TO ALIENS IN NEW SEARCH FOR INTELLIGENT LIFE

“Whether life ever existed beyond Earth is one of the grand questions humans seek to answer,” said NASA’s Jet Propulsion Laboratory (JPL), Mars 2020’s project scientist Ken Farley. “What we learn from the samples collected during this mission has the potential to address whether we’re alone in the universe.”

The new rover will come with seven new instruments, new wheels and additional autonomy, the government agency announced. Approximately 85 percent of the Mars 2020 rover will be based on the original Curiosity rover, which landed in 2012.

“The fact that so much of the hardware has already been designed — or even already exists — is a major advantage for this mission,” Jim Watzin, director of NASA’s Mars Exploration Program, added. “It saves us money, time and most of all, reduces risk.”

NASA FINDS POTENTIAL ‘CRADLE OF LIFE’ ON MARS IN SHOCKING DISCOVERY

The Mars Curiosity rover cost an estimated $2.5 billion in 2012 dollars, according to various media reports. In 2016, NASA officials said the Mars 2020 rover mission would cost $2.1 billion, according to Space News.

In addition to the aforementioned features, the new rover will also sport a drill used to “capture rock cores, while a caching system with a miniature robotic arm will seal up these samples.”

Other upgrades include a new cruise stage so the rover can fly to Mars and new landing technology (JPL describes it as a “sky crane), color cameras, a zoom lens and a laser to vaporize rocks and soil to analyze their chemistry.

“Our next instruments will build on the success of [Mars Science Laboratory], which was a proving ground for new technology,” said George Tahu, NASA’s Mars 2020 program executive. “These will gather science data in ways that weren’t possible before.”

Ref: http://www.foxnews.com/science/2017/12/01/nasa-is-building-new-rover-to-look-for-life-on-mars.html

NASA’s Mars 2020 Rover Will Have 23 Cameras

According to NASA, the agency’s next Mars rover will have more cameras than any rover before it: a grand total of 23, to create sweeping panoramas, reveal obstacles, study the atmosphere, and assist science instruments. There will even be a camera inside the rover’s body, which will study samples as they’re stored and left on the surface for collection by a future mission.

Mars 2020 rover’s cameras represent a steady progression since NASA’s Mars Pathfinder rover: after that mission, the Spirit and Opportunity rovers were designed with 10 cameras each, including on their landers; Mars Science Laboratory’s Curiosity rover has 17.

“Camera technology keeps improving. Each successive mission is able to utilize these improvements, with better performance and lower cost,” said Dr. Justin Maki, Mars 2020’s imaging scientist at NASA’s Jet Propulsion Laboratory (JPL).

“The cameras on the Mars 2020 rover will include more color and 3D imaging than on Curiosity,” added Arizona State University researcher Dr. Jim Bell, principal investigator for 2020’s Mastcam-Z.

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“The ‘Z’ stands for ‘zoom,’ which will be added to an improved version of Curiosity’s high-definition Mastcam, the rover’s main eyes.”

“Routinely using 3D images at high resolution could pay off in a big way. They’re useful for both long-range and near-field science targets,” he said.

A selection of the 23 cameras on NASA’s 2020 Mars rover. Many are improved versions of the cameras on the Curiosity rover, with a few new additions as well. Image credit: NASA / JPL-Caltech.
A selection of the 23 cameras on NASA’s 2020 Mars rover. Many are improved versions of the cameras on the Curiosity rover, with a few new additions as well. Image credit: NASA / JPL-Caltech.

The Spirit, Opportunity and Curiosity rovers were all designed with engineering cameras for planning drives (Navcams) and avoiding hazards (Hazcams). These produced 1-megapixel images in black and white.

On the Mars 2020 rover, the engineering cameras have been upgraded to acquire high-resolution, 20-megapixel color images.

Their lenses will also have a wider field of view. That’s critical for the mission, which will try to maximize the time spent doing science and collecting samples.

“Our previous Navcams would snap multiple pictures and stitch them together. With the wider field of view, we get the same perspective in one shot,” said Dr. Colin McKinney, product delivery manager for the new engineering cameras at JPL.

“That means less time spent panning, snapping pictures and stitching. The cameras are also able to reduce motion blur, so they can take photos while the rover is on the move.”

NASA plans to use existing spacecraft already in orbit at Mars — ESA’s Trace Gas Orbiter and NASA’s Mars Reconnaissance Orbiter and MAVEN orbiter — as relays for the Mars 2020 mission, which will support the cameras during the rover’s first two years.

NASA is gearing up a new rover for a mission to find evidence of life on Mars

NASA is already gearing up for its next mission to Mars with a more tricked-out, updated version of the Curiosity Mars rover, the agency announced recently.

New hardware for the Mars 2020 mission includes seven new instruments, new wheels, a new drill to capture rock cores and a caching system with a miniature robotic arm to store the samples.

The new gear is currently under development at NASA’s Jet Propulsion Laboratory in Pasadena, Calif.

Other new features on the rover will include a new cruise stage to fly the rover out to Mars and new descent-stage technology for landing — including something that JPL is calling a “sky crane” to lower the rover onto the planet’s surface.

Still, the Rover looks roughly the same because it is roughly the same; around 85 percent of the hardware on the new rover is based on (or is) heritage hardware. The use of so many similar components will keep the cost of the mission down, according to common sense… and Jim Watzin, director of NASA’s Mars Exploration Program. “It saves us money, time and most of all, reduces risk.”

The look may be similar, but the new rover has a very different mission from its predecessor, the folks at JPL said. Instrumentation on Mars 2020 is designed to look for ancient life signs on the Red Planet by studying terrain that’s now unlivable, but once had lakes and rivers on it (at least it did 3.5 billion years ago).

Like the starship Enterprise, the rover will be looking for signs of life — but will be looking on a microbial scale. The rover is kitted out with an x-ray spectrometer that can target spots as small as a grain of salt, and a UV laser that can detect what NASA calls the “glow” of excited rings of carbon atoms. Ground-penetrating radar will also be on the rover to give scientists a peak under the Martian crust — to look at layers of rock, water and ice up to 30 feet deep.

That’s the new hardware, but the rover part two electric boogaloo is also getting upgrades to gear ported over from Curiosity, including: color cameras, a zoom lens and a laser that can vaporize rocks and soil for chemical analysis.

“Our next instruments will build on the success of MSL, which was a proving ground for new technology,” said George Tahu, NASA’s Mars 2020 program executive. “These will gather science data in ways that weren’t possible before.”

NASA scientists are hoping the rover will be able to drill at least 20, and up to 40 rock, cores for later collection and analysis by future missions.

“Whether life ever existed beyond Earth is one of the grand questions humans seek to answer,” said Ken Farley of JPL, Mars 2020’s project scientist. “What we learn from the samples collected during this mission has the potential to address whether we’re alone in the universe.”

Beyond the rover technology updates and new features, JPL also is working on new types of landing technologies that can automatically find safe landing sites based on pre-loaded terrain maps. This “terrain-relative navigation” will guide the descent stage to the optimal sites for its mission.

A range trigger is also going to be used in the new mission, which will enable scientists to more accurately drop the rover in an ideal location.

“Terrain-relative navigation enables us to go to sites that were ruled too risky for Curiosity to explore,” said Al Chen of JPL, the Mars 2020 entry, descent and landing lead. “The range trigger lets us land closer to areas of scientific interest, shaving miles — potentially as much as a year — off a rover’s journey.”

All of this is being done with an eye toward focusing future Mars missions on sites that seem most likely to have been habitable. They include a lake bed called the Jezero Crater; Northeast Syrtis, which once held warm waters that could have reacted with sub-surface rocks; and possible hot springs in the prosaically named Columbia Hills.

Ref: https://techcrunch.com/2017/11/29/nasa-is-gearing-up-a-new-rover-for-a-mission-to-find-evidence-of-life-on-mars/

España participará en las dos futuras misiones de la NASA a Marte

La cooperación entre ambas partes se inició hace tres años con la construcción por parte española de la estación meteorológica que fue instalada en el robot Curiosity, que ya está sobre el planeta rojo

España firmó ayer un acuerdo con la NASA para ampliar la colaboración que ya mantiene con la agencia estadounidense a las dos futuras misiones a Marte, InSight, en 2016 y Mars 2020. La cooperación entre ambas partes se inició hace tres años con la construcción por parte española de la estación meteorológica que fue instalada en el robot Curiosity, que ya está sobre el planeta rojo.

La extensión del acuerdo entre los dos países lo suscribieron el administrador de la NASA, Charles Bolden; el director del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), Francisco Marín, y el director general del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), Ignacio Azqueta, en el Salón Aeronáutico de Le Bourget, que se celebra esta semana en Francia.

La industria española se encargará de preparar una nueva estación ambiental (REMS, en sus siglas en inglés) dotada de sensores meteorológicos para el entorno marciano que irá acoplada al InSight, cuyo lanzamiento está previsto en marzo del año próximo con el principal objetivo del estudio geológico y sísmico del planeta.

Comunicaciones

España también realizará una antena de comunicaciones de alta ganancia (HGAS) para la misión Mars 2020, que está programada para julio de ese año y cuyas metas serán detectar posibles indicios de vida en el pasado, así como el ensayo de tecnologías que permitan generar oxígeno.

En uno y otro caso, los dos instrumentos serán una evolución de los que se están utilizando en la misión Mars Science Laboratory (MSL), que permitió en agosto de 2012 el aterrizaje en el planeta rojo del vehículo explorador Curiosity.

Space Exploration Expert Predicts People on Mars by 2025

SpaceX CEO Elon Musk says if things go according to plan people will be on Mars just nine years from now.
During an interview Wednesday at the Code Conference in southern California, Musk, the head of the Space Exploration Technologies Corporation, said that “we should be able to launch people in 2024, with arrival in 2025.”
Musk also says he plans to go to space himself in about four to five years, but only into orbit around Earth.
Musk also runs Tesla Motors, which has been at the forefront of self-driving car technology. He says he sees Apple as more of a competitor than Google in the autonomous vehicle market, but suggests they may be too late to compete with Tesla.
He believes Apple will go into volume production of the cars no sooner than 2020.
read more: http://www.haaretz.com/israel-news/science/1.722877

NASA selects Sierra Nevada for Mars 2020 mission contracts

NASA recently awarded Sierra Nevada Corp.’s (SNC, Louisville, CO, US) Space Systems, a business area of aerospace and defense company SNC, multiple contracts to supply critical hardware for the Mars 2020 mission. Scheduled to launch in 2020, the robotic science rover will investigate key questions about the habitability of Mars and assess natural resources and hazards in preparation for future human expeditions to the red planet. Under the new contracts, SNC will design and manufacture the descent brake, as well as actuators for the robotic arm and sample caching system. The instruments will enable scientists to identify and select a collection of rock and soil samples that will be analyzed and stored for potential return to Earth.

SNC’s Descent Brake Mechanism will control the speed of the tethered, car-sized rover as it is gently lowers to the surface of Mars, the final step to ensuring the rover’s safe landing. The Mars 2020 rover landing sequence will mirror that of NASA’s Mars Science Laboratory (MSL) Curiosity rover that landed on Mars in 2012. SNC designed and manufactured the Descent Brake Mechanism for that mission as well, enabling Curiosity’s gentle and precise landing. This achievement was a major milestone for NASA as it marked the first time a spacecraft of that size and weight was able to successfully land on another planet using a tethered system thus paving the way for future missions.

“SNC has been supporting NASA’s Mars Exploration Programs and missions since 1992, through the delivery of highly reliable and complex systems,” said Mark Sirangelo, corporate vice president of SNC’s Space Systems business area. “We are proud of our long and successful history of delivering mission-critical hardware for some of the most challenging interplanetary missions. We look forward to maintaining our long­ standing collaborative relationship with NASA and JPL as they continue to push the boundaries of exploration with each increasingly ambitious mission.”

The Mars 2020 program will mark the 13th time SNC has provided hardware for spacecraft orbiting or landing on Mars; including multiple planetary gears, camera actuators and battery thermal control devices for Spirit and Opportunity, the latter of which is still functioning after 12 years of surface operation, well beyond the expected mission duration.

NASA’s Mars 2020 rover will hunt for signs of alien life, produce oxygen from Mars atmosphere

NASA has announced that the next Mars rover — currently codenamed Mars 2020 — will be outfitted with an array of sophisticated, upgraded scientific instruments that will let it delve deeper and farther than Curiosity, with the hope that it will be able to uncover signs of life on Mars. Perhaps even more excitingly, Mars 2020 will also be equipped with a new instrument that can convert the carbon dioxide in Mars’ atmosphere into oxygen — this is of utmost importance if humanity ever colonizes Mars — and another instrument that will gather and store Martian rock samples for eventual return to Earth.

If you haven’t followed the Mars 2020 story, I suggest you read our original story detailing the scientific scope of the mission. In short, though, the Mars 2020 rover — which is targeting a 2020 launch date — will look almost identical to Curiosity and will land on Mars in the same crazy-sky-crane way. The idea is to reduce R&D costs and capitalize on the massive success of Curiosity by using most of the same framework — but landing in a different spot, and equipping the rover with better/different instrumentation.

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Curiosity 2 : comment transférer des données de Mars vers la Terre

La France n’a pas encore envoyé un astronaute sur la Lune. Mais l’un de ses équipements high-tech foulera prochainement -si tout se passe bien- le sol de Mars.

Les équipements du Rover 2020 (Source : Nasa)

Parmi les sept instruments scientifiques qui équiperont le futur rover Curiosity 2, qui devrait se poser sur la planète rouge dans quatre ans dans le cadre du projet Mars 2020, la NASA a retenu la “caméra chimique” Super Cam, fruit d’une coopération entre l’Institut de recherche en astrophysique et planétologie de Toulouse (Irap) et un laboratoire californien. “Cette caméra sera chargée d’analyser les roches, explique Sylvestre Maurice, astrophysicien et planétologue à l’Irap-CNRS-Université de Toulouse-Observatoire Midi-Pyrénées. Grâce à un laser, elle “excitera” les roches récoltées, pour obtenir un “film chimique”. En clair, le “film” en question prendra la forme d’une courbe animée, semblable à celle des électro-cardiogrammes, ce qui permettra l’analyse des données.

Bien entendu, la question du transfert de ces données est déterminante. Car en attendant la mission qui devrait enfin rapporter des échantillons du sol martien, vers 2030, les données techniques sont le seul butin que Curiosity 2 pourra transmettre.

70 Mo par jour

A l’échelle “terrestre”, le volume de données concerné n’a rien d’extravagant : Curiosity 2 récoltera environ 500 méga-bits par jour, soit 70 méga-octets, l’équivalent de 20 chansons MP3. Si le volume ne semble pas colossal, encore faut-il l’expédier… à plusieurs millions de kilomètres ! Il faut en effet quatre minutes pour envoyer des ondes vers la Terre quand celle-ci est à 75 millions de kilomètres de Mars, et 20 minutes quand elle en est distante de 380 millions.

Pour optimiser  la transmission, il faut d’abord compresser les données : “il s’agit de faire passer le maximum d’informations dans un débit minimal, explique Sylvestre Maurice. Nous utilisons des algorithmes de compression “avec perte de données” (comme lors de la compression d’un format musical en MP3, NDLR), et des algos “sans perte de données”. Pour les premiers, le taux de compression varie de 5 à 10, et ils servent à transmettre des photos. Les algos “sans perte” ont un taux de compression inférieur, de 2 à 3 maximum, et ils servent à la transmission d’informations essentielles, comme les informations spectrales”. Car l’analyse du spectre de composition chimique permet d’étudier la roche : la décomposition de la lumière sert en effet à déterminer de quelle matière elle est constituée (détection de fer, d’hydrogène, etc…)

Reste la question de la transmission. Pour communiquer de la Terre vers Mars et donner des ordres au rover, la problématique est assez simple. “La Terre apparaît dans le ciel de Mars vers 10 h du matin (“heure de Mars” NDLR). Nous utilisons alors de vastes antennes, situées en Australie, en Californie et en Espagne, pour envoyer nos instructions.” Dans la journée, le rover effectue alors les tâches demandées. Il envoie ensuite les données récoltées vers la Terre.

Du problème des conjonctions dans la transmission des données

Mais il ne peut pas le faire directement, car il ne dispose pas de suffisamment d’énergie : il les envoie d’abord à un “orbiteur”, un satellite qui tourne autour de Mars. Pour cela, pas besoin que la Terre soit visible depuis la planète rouge. Ensuite, une fois que les données sont stockées dans l’orbiteur, celui-ci doit effectivement attendre de “voir” la Terre pour envoyer ses data. “La question qui se pose actuellement -entre autres- c’est de savoir quel orbiteur nous allons choisir en 2020 : il en existe plusieurs actuellement autour de Mars, dont deux américains et un indien, mais nous espérons pouvoir compter sur l’orbiteur TGO européen qui arrivera vers Mars d’ici le mois d’octobre.” Toujours est-il que les données peuvent être transmises tous les jours depuis l’orbiteur vers la Terre… sauf 3 semaines tous les 2 ans, lors d’une “conjonction”, c’est-à-dire un alignement Mars-Soleil-Terre.

Finalement, mis à part cette “éclipse anti-ondes”, il est plus facile de communiquer vers Mars que d’utiliser son portable quand on habite au fin fond d’une zone blanche.